La estructura del inversor
«Vehículos en cadena y titulares reales en varias jurisdicciones: el factor cliente pesa más que ningún otro.»
El scoring de riesgo es la pieza que decide qué diligencia debida se aplica a cada cliente. Si no está bien construido, todo lo que viene después —medidas, seguimiento, alertas— está mal calibrado desde el primer día.
¿Tu scoring de riesgo se sostiene? Diagnóstico gratuito
Cuéntanos cómo clasificas hoy a tus clientes y te decimos si el criterio es defendible.
El scoring es donde se traduce tu evaluación de riesgo en decisiones concretas sobre clientes concretos.
Construimos el modelo de clasificación desde tu evaluación de riesgo: factores, ponderaciones, umbrales de corte y reglas de anulación, con la documentación que permite explicar por qué un cliente concreto quedó donde quedó.
Cuándo sube un cliente de nivel, cuándo baja, quién lo autoriza y qué evidencia se exige. La bajada de nivel es la que más se hace mal y la que más se revisa en inspección.
Qué medidas concretas se activan en cada nivel, sin ambigüedad.
Cómo entra la condición de persona con responsabilidad pública en el modelo.
Cómo se incorporan las listas del GAFI y de la UE sin que el modelo quede obsoleto.
Revisión de la distribución de la cartera y de la coherencia entre nivel asignado y medidas aplicadas.
La clasificación de la que dependen todas las medidas posteriores.
El perfil de riesgo del cliente es la clasificación que asigna a cada relación de negocio un nivel —habitualmente bajo, medio o alto— del que dependen las medidas de diligencia debida aplicables, la intensidad del seguimiento y los umbrales de alerta. Es la traducción práctica del enfoque basado en riesgo que vertebra toda la Ley 10/2010 y el Real Decreto 304/2014.
Dicho de otro modo: el scoring es el interruptor. De él dependen si aplicas diligencia simplificada, diligencia normal o medidas reforzadas; con qué frecuencia revisas el expediente; y qué patrones de operativa te deben saltar como inusuales. Un modelo mal calibrado no produce un error puntual, produce un error sistemático repetido en toda la cartera.
Y es la pieza sobre la que más difícil resulta improvisar en inspección. Cuando un supervisor pregunta por qué un cliente concreto está en riesgo bajo, la respuesta aceptable no es un juicio profesional expresado de viva voz: es un modelo documentado, con factores, pesos y umbrales, que aplicado a ese cliente da ese resultado.
Seis bloques. La calidad del modelo depende de que ninguno quede sin cubrir y de que los pesos estén justificados.
| Bloque | Factores típicos | Señales de riesgo elevado | Trampa frecuente |
|---|---|---|---|
| Cliente | Tipo de persona, actividad económica, antigüedad, estructura societaria, titular real | Estructuras en capas, sociedades instrumentales, titular real difícil de determinar | Puntuar la forma jurídica y olvidar la complejidad real de la cadena de control. |
| Persona | Condición de persona con responsabilidad pública, allegados, resultados de screening | PEP, allegado o familiar, coincidencia en listas de sanciones o prensa negativa | Tratar al allegado de un PEP como cliente ordinario porque el nombre no aparece en la lista. |
| Geografía | País de residencia, de nacionalidad, de constitución, de la operativa y de los fondos | Jurisdicciones de alto riesgo, terceros países listados, territorios sin transparencia fiscal | Mirar solo el país del domicilio y no el de origen o destino real de los fondos. |
| Producto y servicio | Naturaleza del producto, complejidad, capacidad de transferir valor, anonimato | Productos que permiten movilizar fondos con rapidez o con trazabilidad limitada | No revisar el modelo cuando se lanza un producto nuevo. |
| Canal | Presencial, no presencial, a través de agente, intermediado por tercero | Alta no presencial sin verificación reforzada, intermediación opaca | Puntuar igual un onboarding con vídeo-identificación y uno con documentación remitida por correo. |
| Operativa | Volumen esperado, tipo de contraparte, uso de efectivo, patrón declarado | Desajuste entre operativa declarada y real, uso intensivo de efectivo | Fijar el perfil transaccional al alta y no volver a compararlo nunca con la realidad. |
Ningún factor decide por sí solo salvo los de anulación —sanciones, sospecha confirmada—, que sitúan al cliente en riesgo alto con independencia del resto de la puntuación.
Clasificar no sirve de nada si la clasificación no cambia lo que se hace después.
| Elemento | Riesgo bajo | Riesgo medio | Riesgo alto |
|---|---|---|---|
| Régimen de diligencia | Simplificada si encaja en supuesto | Normal | Reforzada (DDR) |
| Verificación del titular real | Vía general | Razonable y documentada | Documental exhaustiva de la cadena |
| Origen de fondos | No exigible con carácter general | Según indicios | Exigible y documentado |
| Frecuencia de revisión | Espaciada, definida por escrito | Periódica | Frecuente y con revisión de responsable |
| Umbrales de alerta | Estándar | Ajustados al perfil | Sensibles, con menor tolerancia |
| Autorización del alta | Operativa ordinaria | Operativa ordinaria | Responsable designado o alta dirección |
| Terminación por riesgo | Excepcional | Valorable | Decisión documentada obligatoria |
La coherencia entre el nivel asignado y las medidas efectivamente aplicadas es lo primero que se comprueba en una revisión de expedientes: un cliente clasificado como alto riesgo con expediente de riesgo bajo es una deficiencia inmediata.
El modelo no puede ser el mismo para todos: los factores relevantes cambian con la actividad.
«Vehículos en cadena y titulares reales en varias jurisdicciones: el factor cliente pesa más que ningún otro.»
«Alta no presencial y capacidad de mover fondos en segundos: el canal y el producto dominan el modelo.»
«Importe elevado, pago fraccionado y compradores no residentes: el factor geográfico y el de operativa se imponen.»
«La procedencia on-chain y la exposición a servicios de anonimización obligan a incorporar factores que no existen en otros sectores.»
Es el control cuyo fallo se propaga a todos los demás.
Un scoring mal calibrado es un error sistemático. No afecta a un expediente: afecta a toda la cartera y durante todo el tiempo que el modelo lleve funcionando.
La distribución delata. Si el 95% de tu cartera está en riesgo bajo, el supervisor no necesita revisar expedientes: ya sabe que el modelo no discrimina.
Y sin modelo documentado no hay defensa posible. Explicar una clasificación con criterio profesional pero sin soporte escrito equivale, a efectos prácticos, a no tener criterio.
| Gravedad | Cuantía | Base o alternativa |
|---|---|---|
| Sanciones leves | hasta 60.000 € | Incumplimientos de menor entidad o sin impacto apreciable en el sistema de prevención. |
| Sanciones graves | 60.000 € – 5.000.000 € | O el 10% de los recursos totales de la empresa. |
| Sanciones muy graves | 150.000 € – 10.000.000 € | O el 10% de los recursos propios de la entidad. |
Es la pregunta que abre casi todas las inspecciones. Revisamos tu modelo, la distribución real de clientes y la coherencia entre nivel asignado y medidas aplicadas.
Es la clasificación —normalmente bajo, medio o alto— que resulta de aplicar el modelo de scoring de la entidad a los datos de esa relación de negocio, y de la que dependen las medidas de diligencia debida, la frecuencia de revisión y los umbrales de alerta aplicables.
La norma no impone una herramienta concreta, pero sí exige aplicar un enfoque basado en riesgo, y eso obliga a que las medidas sean proporcionales al riesgo de cada cliente. En la práctica, la única forma de acreditar esa proporcionalidad de manera consistente en una cartera de cierto tamaño es con un modelo documentado.
Tres es lo habitual y suele ser suficiente. Más niveles solo aportan valor si cada uno tiene medidas realmente distintas asociadas. Un modelo de cinco niveles en el que los tres intermedios reciben el mismo tratamiento es un modelo de tres niveles con nombres más largos.
Sí, pero es la decisión que más se revisa. Debe estar prevista en el procedimiento, basarse en un cambio objetivo de circunstancias, estar autorizada por quien corresponda y quedar documentada con su motivo. Una bajada de nivel sin rastro se lee como una decisión comercial disfrazada de decisión de riesgo.
La condición de persona con responsabilidad pública, y la de sus familiares y allegados, es un factor de riesgo elevado que activa medidas reforzadas. El error más común no es olvidar al PEP, sino olvidar al allegado, que no aparece en ninguna lista y que solo se detecta preguntando. Lo tratamos en la página de PEP.
Con la periodicidad que fije tu procedimiento según el nivel, y siempre que se produzca un evento relevante: cambio de titular real, de actividad, de jurisdicción, alerta de monitorización o aparición en listas. La revisión por evento es más importante que la periódica, porque el riesgo no cambia en el aniversario del alta.
No hay una cifra correcta: depende de tu negocio. Lo que sí es una señal de alarma es una concentración extrema en el nivel bajo. Si prácticamente toda la cartera puntúa igual, el modelo no está discriminando y eso se detecta en un minuto sin revisar un solo expediente.
Comprobando tres cosas: que la distribución resultante tiene sentido para tu negocio, que existe coherencia entre el nivel asignado y las medidas efectivamente aplicadas en el expediente, y que los clientes que acabaron generando comunicaciones por indicio estaban razonablemente clasificados. Ese último ejercicio es el más útil y el que casi nadie hace.
La evaluación de riesgo de la entidad es el nivel superior: analiza el riesgo de tu negocio en conjunto —productos, canales, países, clientela—. El scoring es su aplicación al cliente individual. Un scoring que no deriva de la evaluación de riesgo es un modelo sin fundamento; una evaluación de riesgo sin scoring es un documento sin consecuencias.
El Reglamento (UE) 2024/1624 mantiene y refuerza el enfoque basado en riesgo, con desarrollo técnico por la nueva autoridad europea sobre factores de riesgo y su valoración. Lo previsible es una mayor estandarización de los factores mínimos exigibles, lo que hace recomendable que el modelo sea parametrizable y no esté cerrado en código. Más en la página del AMLR.
Un modelo de scoring defendible no necesita ser sofisticado: necesita estar escrito, derivar de la evaluación de riesgo y producir consecuencias distintas en cada nivel. Diez pasos.
Los factores y sus pesos deben poder rastrearse hasta la evaluación de riesgo de la entidad. Si no hay ese hilo, el modelo es una opinión.
Si el expediente de un cliente de riesgo alto es idéntico al de uno de riesgo bajo, la clasificación no está sirviendo para nada.
Cruza los clientes que acabaron en comunicación por indicio con el nivel que tenían asignado. Es el mejor test de si el modelo discrimina.
Si quieres revisar tu modelo y su distribución, empieza por la evaluación de riesgos o por una auditoría PBC/FT.
El modelo de riesgo falla en cuatro sitios, y ninguno de ellos es la fórmula matemática.
1) DatosUn factor sin dato no puntúa. Si el campo de actividad económica está vacío en el 40% de la cartera, ese factor no está funcionando en el 40% de tu cartera.
2) CálculoAutomática y registrada. Una clasificación introducida a mano por el gestor no es un modelo: es una opinión con formato de campo.
3) ConsecuenciaEl nivel debe disparar medidas distintas de forma automática, no depender de que el analista recuerde qué corresponde a cada categoría.
4) RevisiónNuevo titular real, cambio de actividad, alerta de monitorización, aparición en listas. El riesgo no espera al aniversario del alta para cambiar.
Decisión rápidaTres perfiles habituales y su clasificación razonable.
Riesgo bajo, salvo señales específicas. Simplificada si encaja en supuesto.
Riesgo alto por estructura y geografía. DDR y origen de fondos.
Riesgo bajo o medio según operativa declarada y canal de alta.
Factores, ponderaciones, umbrales y reglas de anulación por escrito.
Documento de modelo aprobado por el OCI, con versión.
Los factores derivan de la evaluación de riesgo de la entidad.
Referencia cruzada entre IAR y modelo.
La clasificación se calcula automáticamente y se almacena con sus factores.
Campo de nivel y detalle de puntuación en el expediente.
Las medidas aplicadas corresponden al nivel asignado.
Muestreo de expedientes por nivel.
Eventos definidos disparan recálculo; las bajadas se autorizan y documentan.
Histórico de cambios de nivel con motivo y autorizante.
Cualquiera de estas justifica una revisión completa del scoring.
Términos que aparecen en modelos de scoring, manuales y revisiones de cartera.
Principio que obliga a que las medidas sean proporcionales al riesgo identificado.
Análisis del riesgo del negocio en conjunto. Es el origen de los factores del scoring.
Aplicación de factores ponderados a un cliente concreto para obtener su nivel.
Circunstancia que sitúa al cliente en riesgo alto con independencia del resto de la puntuación.
Factor de riesgo elevado que alcanza también a familiares y allegados.
Volumen y tipo de operaciones previstas al alta. Su desajuste con la realidad es una alerta.
Recálculo del perfil por evento o por revisión periódica. Las bajadas exigen autorización.
Proporción de clientes en cada nivel. Una concentración extrema indica que el modelo no discrimina.
Refuerza el enfoque basado en riesgo y prevé desarrollo técnico sobre factores.
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Dos de los seis factores, cruzados, para ver cómo se comporta el modelo. En una implantación real el cálculo pondera los seis bloques y aplica las reglas de anulación.
Verde: riesgo bajo. Ámbar: medio. Rojo: alto y medidas reforzadas.
Todos los sujetos obligados. Lo que cambia son los factores relevantes y su peso.
Diseñamos el modelo de scoring partiendo de tu actividad concreta y de tu evaluación de riesgo, no de una plantilla genérica.
Canal de alta y capacidad de movilización de fondos dominan el modelo. El alta no presencial exige factor propio.
Importe, forma de pago y residencia del comprador concentran casi todo el riesgo del sector.
La exposición on-chain y los servicios de anonimización obligan a incorporar factores que no existen en otros sectores.
Ninguno es un error de cálculo: todos son errores de diseño o de uso.
Es el hallazgo más rápido de cualquier inspección. Si el modelo no reparte, no está haciendo su trabajo, y no hace falta abrir un solo expediente para verlo.
El gestor elige el nivel en un desplegable. Eso no es un modelo, es una opinión registrada en un campo, y no se puede reproducir ni auditar.
El modelo pondera la actividad económica y ese campo está vacío en media cartera. El factor existe sobre el papel y no opera en la realidad.
Cliente de riesgo alto con el mismo expediente que uno de riesgo bajo. La clasificación es decorativa.
Un cliente pasa de alto a medio y no consta ni el motivo ni quién lo autorizó. Es la anotación que más se pide y la que más veces falta.
Nadie ha comprobado nunca en qué nivel estaban clasificados los clientes que acabaron generando una comunicación por indicio. Es el mejor test disponible y es gratis.
Enlaces directos a los textos consolidados y a los organismos de referencia.
Texto consolidado. Enfoque basado en riesgo y medidas de diligencia debida.
BOEReglamento de desarrollo: análisis de riesgo y medidas proporcionales.
EUR-LexRefuerza el enfoque basado en riesgo y los factores a considerar desde julio de 2027.
SEPBLACGuías y comunicaciones sobre análisis de riesgo por sectores.
GAFIEstándar internacional del enfoque basado en riesgo y guías sectoriales.
Comisión EuropeaJurisdicciones con deficiencias estratégicas a efectos del factor geográfico.
Publicación inicial, con los seis bloques de factores y la validación contra experiencia real.
Revisión prevista: aplicación del AMLR y desarrollo técnico europeo sobre factores de riesgo.
El perfil de riesgo del cliente es la concreción individual del enfoque basado en riesgo que vertebra la Ley 10/2010, de 28 de abril y el Real Decreto 304/2014. La norma no impone una herramienta ni una escala determinada, pero sí exige que las medidas de diligencia debida sean proporcionales al riesgo identificado, lo que en la práctica obliga a disponer de un criterio de clasificación documentado y aplicable de forma consistente a toda la cartera.
Un modelo completo pondera factores relativos al cliente —tipo, actividad, estructura societaria y titular real—, a la persona —condición de persona con responsabilidad pública, allegados, resultados de screening—, a la geografía —residencia, constitución, origen y destino de los fondos—, al producto, al canal de contratación y a la operativa esperada. La omisión de cualquiera de estos bloques deja un ángulo muerto que acaba apareciendo en la revisión de expedientes.
Antes de revisar un solo expediente, una inspección suele pedir la distribución de la cartera por nivel de riesgo. Una concentración extrema en el nivel bajo es indicativa de que el modelo no discrimina, con independencia de lo sofisticada que sea su formulación. No existe un reparto correcto en abstracto —depende del negocio—, pero sí existe la obligación de poder explicar por qué la cartera se reparte como se reparte.
Clasificar solo tiene sentido si la clasificación produce consecuencias. El nivel asignado debe determinar el régimen de diligencia aplicable —simplificada, normal o reforzada—, la profundidad de la verificación del titular real, la exigencia o no de acreditar el origen de los fondos, la frecuencia de revisión y la sensibilidad de los umbrales de monitorización. Un expediente de riesgo alto indistinguible de uno de riesgo bajo evidencia que el modelo no está operando.
El ejercicio más útil para comprobar si un modelo funciona consiste en cruzar los clientes que acabaron generando una comunicación por indicio con el nivel de riesgo que tenían asignado antes de hacerlo. Si la mayoría estaban clasificados en riesgo bajo, el modelo no anticipa. Es una validación sencilla, no requiere herramientas adicionales y constituye una evidencia de primer orden ante el supervisor. Conviene incorporarla al plan anual de auditoría interna.