De procedimientos dispersos a controles trazables
“Estandarizamos políticas, evidencias y responsables. El equipo pasó de ‘apagar fuegos’ a operar con un sistema ordenado y auditable.”
Implanta un programa de corporate compliance (cumplimiento normativo) y reduce riesgos legales, penales y reputacionales sin frenar el crecimiento.
“Estandarizamos políticas, evidencias y responsables. El equipo pasó de ‘apagar fuegos’ a operar con un sistema ordenado y auditable.”
“Preparamos documentación y flujos internos. Se redujo el tiempo de respuesta y aumentó la consistencia en los criterios de revisión.”
“Sesiones con casos reales y checklists. Menos dudas operativas y más capacidad del equipo para detectar señales de riesgo.”
“Identificamos quick wins y priorizamos riesgos. Dirección obtuvo un plan por fases con hitos, responsables y evidencias.”
Políticas, procedimientos y controles para cumplir la ley, prevenir incumplimientos y demostrar diligencia.
Especialmente relevante en sectores regulados, inversión, licitaciones, crecimiento o cadenas de terceros complejas.
Enfoque práctico y proporcional al riesgo: mapa de riesgos, políticas, canal, formación, controles y mejora continua.
Detección temprana con protocolo: recepción, investigación, medidas y cierre con trazabilidad.
Evaluación de riesgo, cláusulas, validación de pagos, control de servicios y seguimiento periódico.
Controles ejecutados, aprobaciones registradas, auditorías periódicas y acciones correctivas cerradas.
Multas y sanciones administrativas por incumplimientos regulatorios (según el sector y la norma aplicable).
Responsabilidad penal de la persona jurídica: multas, inhabilitaciones, suspensión de actividad o medidas judiciales.
Pérdida de contratos, licitaciones y oportunidades de negocio por falta de controles y evidencias.
Investigaciones internas costosas, conflictos laborales y fuga de talento por ausencia de protocolos.
Daño reputacional y pérdida de confianza de clientes, socios, inversores y entidades financieras.
Descubre el plan de cumplimiento normativo que encaja con tu tamaño, sector y nivel de riesgo.
Un programa de corporate compliance eficaz se construye sobre un enfoque basado en riesgos: primero identificas los riesgos reales (actividad, sector, clientes, canal comercial, países, terceros), y después diseñas controles proporcionales.
El objetivo no es “papel” sino prevención y evidencias: políticas claras, procedimientos aplicables y controles que se ejecutan de verdad.
Cuando el compliance está alineado con la operativa, reduce incidentes, mejora decisiones y aumenta la confianza de socios, inversores y entidades financieras.
Un buen punto de partida es un diagnóstico y un mapa de riesgos con plan de acción.
El código ético marca el estándar de conducta y sirve como guía para directivos y equipos. Debe estar acompañado de políticas específicas que aterricen el “qué” y el “cómo”.
En corporate compliance suelen ser clave: anticorrupción, conflictos de interés, regalos y hospitalidad, patrocinios, competencia, relación con terceros y controles de gastos.
Si la política no se entiende o no se puede aplicar, no protege: hay que adaptarla a la realidad.
El canal de denuncias (whistleblowing) permite detectar incidencias a tiempo. Debe ir acompañado de un protocolo de gestión: recepción, admisión, investigación, medidas y cierre con trazabilidad.
Un buen diseño evita filtraciones, protege la confidencialidad, reduce conflictos internos y mejora la capacidad de respuesta ante riesgos penales o regulatorios.
Además, la gestión del canal debe ser consistente: plazos, responsables, documentación, y criterios para medidas disciplinarias o correctivas.
Muchos riesgos de compliance entran por terceros: intermediarios, consultores, partners, proveedores críticos o subcontratas. Por eso la due diligence y los controles de terceros son esenciales.
Un sistema sólido incluye: evaluación de riesgo del tercero, cláusulas contractuales, validación de pagos, control de servicios prestados y seguimiento periódico.
En operaciones de inversión o M&A, un framework de corporate compliance maduro facilita la due diligence y acelera decisiones.
No basta con firmar cláusulas: hay que ejecutar controles y conservar evidencias.
La función de cumplimiento (compliance officer o responsable) necesita autonomía, recursos y una línea de reporte clara para que el sistema funcione.
Debe coordinar políticas, formación, canal, controles y auditorías, y reportar a dirección/órgano de administración con indicadores y acciones.
Sin reporting y seguimiento, el compliance se convierte en “papel” y pierde efectividad.
La formación es el puente entre el documento y la conducta. En corporate compliance debe ser práctica, por perfiles y orientada a situaciones reales.
No es lo mismo formar a dirección que a ventas, compras o finanzas: cada equipo tiene riesgos distintos (regalos, intermediarios, pagos, conflictos, competencia, etc.).
La cultura reduce riesgos cuando los equipos saben qué hacer antes de que ocurra el problema.
Un programa de compliance debe poder demostrarse: controles ejecutados, aprobaciones registradas, revisiones realizadas y acciones correctivas cerradas.
Auditorías internas (o revisiones externas) ayudan a detectar brechas: políticas que no se aplican, controles que fallan o riesgos no mapeados.
La mejora continua es lo que convierte el corporate compliance en un sistema vivo y útil.
El incumplimiento puede implicar sanciones administrativas y, en determinados escenarios, riesgo penal para la persona jurídica, además de daños reputacionales y pérdida de negocio.
Un programa de corporate compliance bien implantado reduce la probabilidad de incidentes y mejora la posición de la empresa ante inspecciones, auditorías, partners o procesos de inversión.
Prevenir es más barato que reaccionar: compliance es una inversión en continuidad y confianza.