El responsable con la lista y sin manos
"Tengo el informe con las salvedades y un equipo de dos personas. Necesito saber qué ataco primero, qué puedo delegar fuera y cómo dejo constancia de cada cosa que cerramos."
Ya sabes qué está mal: te lo ha dicho el supervisor, el experto externo o tu propia auditoría. Lo que falta es el entregable que demuestra que lo has corregido: hallazgo a hallazgo, con responsable, fecha y prueba de cierre.
¿Tienes una lista de hallazgos y no sabes por dónde empezar?
Mándanos el informe o el acta con las salvedades y te devolvemos una propuesta de plan priorizado.
Un plan de remediación no es un documento de intenciones: es una tabla viva de acciones, un dueño por cada una y una carpeta de evidencias que sostiene cada "cerrado".
Convertimos la lista de hallazgos en un plan con criticidad, responsable interno, fecha comprometida y evidencia esperada por acción. Y si tu equipo no da abasto, ejecutamos los tramos que se puedan externalizar —revisión de expedientes, procedimientos, formación— sin que la responsabilidad salga de tu entidad.
Un hallazgo no está cerrado porque alguien lo diga: está cerrado cuando hay una prueba documental y alguien independiente la ha revisado. Preparamos el informe de seguimiento que resume el estado del plan y que puedes entregar sin tener que explicar nada por teléfono.
Si aún no tienes la lista de hallazgos, empieza por aquí: revisión completa del sistema con conclusiones accionables.
Casi todo hallazgo termina tocando el manual. Lo reescribimos para que describa lo que de verdad vais a hacer.
La priorización sale del riesgo, no del orden en que aparecieron los hallazgos. Actualizamos la autoevaluación de la entidad.
El plan se aprueba, se revisa y se cierra en actas. Sin ese rastro, la remediación no le consta a nadie.
Aquí ya no llama alguien asustado: llama alguien con una lista, una fecha comprometida con el supervisor y la necesidad de demostrar avance.
"Tengo el informe con las salvedades y un equipo de dos personas. Necesito saber qué ataco primero, qué puedo delegar fuera y cómo dejo constancia de cada cosa que cerramos."
"Voy a tener que decir por escrito que hemos corregido. No pienso firmarlo sin ver la evidencia de cada punto: qué se cambió, cuándo y quién lo revisó."
"Escalamos el onboarding muy rápido y ahora hay miles de usuarios antiguos con documentación floja. Nos han dicho que hay que remediar la cartera y no sabemos ni por dónde cortarla."
"Compramos una cartera con sus clientes y sus expedientes. Los nuestros están bien; los que vinieron con la operación, no. Y ahora responden ante nuestro sistema."
Casi todas las entidades que revisamos ya tenían un plan de acción. El problema no es la ausencia de plan: es que no se puede demostrar ni un solo cierre.
El plan sin dueño: acciones redactadas en pasiva —"se revisarán los expedientes", "se reforzará el control"— sin nombre y sin fecha. Nadie lo incumple porque nadie lo tiene asignado, y cuando alguien pregunta sigue exactamente igual que el primer día.
El cierre que solo existe en la hoja de cálculo: marcar la casilla de "cerrado" sin adjuntar nada. Cerrado significa que hay un documento, con su fecha, que cualquiera puede abrir y entender sin que tú lo expliques.
Arreglar el alta nueva y olvidar la cartera: el onboarding queda impecable y los clientes de siempre siguen con la ficha de hace años. El supervisor no mira solo cómo entra un cliente nuevo: mira la cartera viva, que es donde está el riesgo real.
| Criticidad del hallazgo | Qué exige el cierre | Evidencia que se enseña |
|---|---|---|
| Crítico — afecta a una obligación nuclear del sistema | Corrección inmediata, decisión expresa del órgano de administración y, si procede, suspender la práctica cuestionada mientras se corrige. | Acta con el acuerdo, procedimiento nuevo en vigor y muestra de expedientes rehechos con su fecha real de revisión. |
| Alto — el control está diseñado pero no se aplica | Rediseño del control, formación del equipo afectado y prueba de que ya funciona en la operativa diaria, no solo el día de la revisión. | Procedimiento versionado, registro de formación y muestreo posterior que acredite aplicación sostenida en el tiempo. |
| Medio — brecha documental o formal | Corrección del documento y ajuste del manual, sin necesidad de rehacer la operativa ni de revisar la cartera completa. | Versión actualizada del manual, comunicación interna y registro de distribución al personal afectado. |
Ordenamos tus hallazgos por criticidad, les ponemos dueño y fecha, atacamos la cartera histórica por lotes de riesgo y montamos la carpeta de evidencias que sostiene cada cierre. Al final tienes un informe de seguimiento que se entrega tal cual.
De tres sitios, y a menudo de los tres a la vez: del acta de una actuación del SEPBLAC, del informe del experto externo que examina tu sistema y de tu propia revisión interna o auditoría PBC. También aparecen por vía indirecta, cuando un banco corresponsal o un socio te pasa un cuestionario y detecta lagunas.
Lo primero que hacemos es consolidarlos en una única lista, porque suelen venir con lenguajes distintos y duplicidades: lo que el experto llama salvedad y el inspector describe como incumplimiento a veces es el mismo agujero descrito dos veces.
La auditoría mira y diagnostica; la remediación arregla y lo demuestra. Son trabajos distintos y conviene no mezclarlos ni encargarlos por inercia a la misma persona sin pensarlo.
De hecho, el orden lógico es: diagnóstico (auditoría o informe de experto) → plan de remediación priorizado → ejecución con evidencias → verificación independiente del cierre. Si te falta el primer paso, empezamos por ahí; si ya tienes la lista de hallazgos, entramos directamente en el segundo y no te cobramos por volver a descubrir lo que ya sabes.
Un documento fechado que permite a alguien ajeno comprobar, sin tu ayuda, que la acción se hizo. Ejemplos reales: el acta del órgano de control interno que aprueba el procedimiento nuevo, la versión del manual con su fecha de entrada en vigor, la lista de asistencia a la formación, la captura del sistema con el control activado, el expediente de cliente completado con su fecha de revisión o el correo con el que se comunicó el cambio al equipo.
Lo que no es evidencia: un "hecho" en una hoja de cálculo, un correo interno diciendo que se hará y una política aprobada que nadie ha distribuido.
No de golpe ni por orden alfabético. La remediación de cartera se ataca por lotes de riesgo: primero los clientes de mayor riesgo según tu autoevaluación —estructuras societarias opacas, jurisdicciones sensibles, personas con responsabilidad pública, operativa con efectivo o volúmenes anómalos—, después el resto, en oleadas planificadas.
Ese enfoque tiene dos ventajas: reduce el riesgo real antes que el riesgo formal y produce evidencia desde el primer lote revisado. Además permite explicar al supervisor un criterio, que es justo lo que se espera de un sujeto obligado que actúa por riesgo y no por inercia.
El plan se propone desde cumplimiento, pero se aprueba arriba: órgano de administración y órgano de control interno, con acta. Esa aprobación no es burocracia: es lo que convierte una lista de buenas intenciones en un compromiso de la entidad, con recursos asignados y con alguien que responde de cada acción.
Después, el seguimiento vuelve al mismo sitio: cada revisión periódica del estado del plan se lleva al órgano, se documenta qué se ha cerrado y se decide qué hacer con lo que se ha retrasado. Ese ciclo, en actas, es la mitad de la credibilidad del plan.
Sí, y además conviene. Lo que no puedes hacer bajo ningún concepto es tocar la documentación del pasado para que parezca que estaba bien. La remediación se hace hacia adelante, con la fecha real de cada acción, y se documenta como corrección posterior.
Hecha así, es una de las pocas cosas que juegan a tu favor mientras el procedimiento está vivo. Hecha del otro modo, arruina la defensa entera. Lo explicamos con detalle en defensa en expediente sancionador.
Depende de dos variables, y ninguna es el número de hallazgos: el tamaño de la cartera histórica que haya que revisar y la capacidad real del equipo que va a ejecutar. Un plan con muchos hallazgos documentales puede cerrarse rápido; uno con pocos hallazgos, pero que obliga a rehacer miles de expedientes de cliente, es un proyecto de largo recorrido.
Por eso el plan se diseña en oleadas y con hitos parciales verificables: interesa poder demostrar avance sostenido desde el principio, en vez de llegar con todo cerrado el día antes de que alguien pregunte.
Podemos ejecutar los tramos externalizables —revisión y completado de expedientes de cliente, reescritura de procedimientos, formación, preparación de evidencias, seguimiento del plan— y trabajar codo con codo con tu equipo en el resto. Es lo que hacemos en externalización PBC.
Ahora bien, la regla es la de siempre: la responsabilidad no se externaliza. Tu entidad sigue siendo el sujeto obligado, tu órgano de administración sigue aprobando y tu representante ante el SEPBLAC sigue respondiendo. Nosotros aportamos manos, criterio y método; la titularidad del sistema se queda dentro.
Se documenta, que es muy distinto de esconderlo. Hay acciones que dependen de un desarrollo informático, de un proveedor o de una decisión de negocio y que no se resuelven en el plazo previsto. En ese caso se deja constancia del motivo, de la medida compensatoria que aplicas mientras tanto y de la nueva fecha comprometida, aprobada por el órgano correspondiente.
Un plan con un retraso explicado y mitigado es perfectamente defendible. Un plan con un cierre falso, no: es exactamente el tipo de hallazgo que convierte una revisión rutinaria en un problema serio.
El método es siempre el mismo, cambie el sector o el origen de los hallazgos: consolidar, priorizar, asignar, ejecutar, evidenciar y verificar.
Una sola lista con todos los hallazgos, vengan del acta, del experto externo o de la auditoría interna. Se eliminan duplicados, se traducen a lenguaje operativo y se ordenan por criticidad usando tu autoevaluación de riesgo, no la intuición.
Cada acción con responsable, fecha y evidencia esperada definida de antemano. Se toca lo que hay que tocar —procedimientos, sistemas, formación, expedientes— y se guarda la prueba en el momento, no al final, que es cuando ya no se puede reconstruir.
Muestreo independiente de los cierres, actualización del estado en el órgano de control interno e informe de seguimiento con el avance real. Ese documento es el que se enseña cuando el supervisor vuelve a preguntar.
Si la lista de hallazgos aún no existe, empieza por la auditoría PBC o por el informe de experto externo. Si vienes de una actuación supervisora, revisa antes inspección del SEPBLAC.
Los 10 elementos que componen un sistema de prevención defendible ante el SEPBLAC, con la evidencia documental que hay que poder enseñar de cada uno. Sirve como autodiagnóstico antes de que llegue la inspección.
Sin spam. Tu email solo se usa para enviarte este checklist y, ocasionalmente, novedades regulatorias relevantes.
El checklist se está descargando ahora mismo. Si no se inicia automáticamente, haz clic aquí.
¿Después de leerlo necesitas ayuda implantando alguno de los pasos? Escríbenos directamente:
Son palabras que vas a usar en cada reunión de seguimiento. Usarlas con el mismo significado que tu supervisor y tu experto externo ahorra malentendidos caros.
Incumplimiento o debilidad identificada en una revisión: acta de inspección, informe de experto externo, auditoría interna o cuestionario de un tercero.
Reserva que el experto externo hace constar en su informe cuando el sistema no cumple en algún punto o no puede acreditarse que cumple.
Clasificación del hallazgo por impacto y riesgo. Determina qué se corrige de inmediato y qué puede planificarse en oleadas posteriores.
Documento vivo con una fila por hallazgo: acción, responsable, fecha comprometida, evidencia esperada y estado actual.
Persona concreta, con nombre y función, que responde de que la acción se ejecute y de que la evidencia exista en la fecha comprometida.
Documento fechado que permite a un tercero comprobar por sí mismo que la acción se ejecutó: acta, versión del manual, registro, captura o expediente revisado.
Conjunto de clientes vivos cuya documentación de diligencia debida está incompleta o desactualizada respecto de tus procedimientos actuales.
Comprobación independiente, normalmente por muestreo, de que la acción se ejecutó y de que la evidencia sostiene lo que afirma.
Documento que resume el estado del plan: acciones cerradas con su evidencia, acciones en curso, retrasos con su motivo y medidas compensatorias.
Expedientes de clientes vivos completos y actualizados conforme al procedimiento vigente, empezando por los tramos de mayor riesgo.
Informe de revisión por lotes con criterio de selección, expedientes completados con su fecha de revisión y listado de casos escalados o cerrados.
Identificación y comprobación razonable del titular real en estructuras societarias, con las medidas reforzadas que procedan.
Declaraciones actualizadas, consultas y notas registrales con fecha, y organigramas de propiedad archivados en cada expediente.
Mapa de riesgos revisado tras los hallazgos y manual reescrito para describir la operativa real, no la ideal.
Autoevaluación fechada y aprobada, manual versionado con control de cambios y registro de distribución al personal.
Reglas de detección ajustadas, alertas analizadas sin acumulación pendiente y comunicaciones al SEPBLAC que salen cuando deben salir.
Cola de alertas al día con motivo de cierre por cada una, comunicaciones remitidas con su acuse y decisiones de abstención documentadas.
Órgano de control interno reunido y decidiendo, representante ante el SEPBLAC operativo y personal formado según su función.
Actas con acuerdos y seguimiento del plan, designaciones vigentes comunicadas y registro de formación con contenidos y asistentes.
Cualquiera de estas cinco convierte un plan aparentemente correcto en un documento que no sostiene una revisión.
Un plan de remediación no vive solo: nace de un diagnóstico, se ejecuta dentro de un modelo de control y termina revisándose desde fuera. Estas páginas cubren cada pieza del ciclo, desde la revisión que detecta el problema hasta el procedimiento en el que puede acabar si no se cierra.
La revisión que produce la lista de hallazgos con la que se construye el plan. Si no tienes informe, empiezas por aquí.
Qué revisa el supervisor y cómo se prepara la comparecencia. Muchos planes de remediación nacen justo aquí.
Quién ejecuta, quién controla y quién verifica. Sin ese reparto claro, nadie puede firmar un cierre con criterio.
Cuando la corrección llega tarde y hay procedimiento abierto: estrategia, alegaciones y prueba del programa.
Para ejecutar el plan solemos apoyarnos en el manual de PBC, el mapa de riesgos y el órgano de control interno, con la opción de externalizar los tramos que tu equipo no puede asumir. Y si estás montando el sistema desde cero para pedir una licencia, mira PBC en el expediente de autorización.
Última actualización: 4 de agosto de 2026
Un plan de remediación en materia de prevención del blanqueo de capitales es el documento con el que un sujeto obligado convierte una lista de hallazgos en acciones concretas, con dueño, fecha y prueba de cierre. Suele nacer después de una actuación del SEPBLAC, del examen anual por experto externo o de una revisión interna, y su función es doble: reducir el riesgo real de la entidad y dejar constancia de que la corrección existió. La Ley 10/2010 y su reglamento de desarrollo, el RD 304/2014, no describen un formato de plan, pero sí exigen un sistema que funcione y que pueda acreditarse: la remediación es la vía por la que se pasa de una cosa a la otra.
El primer error de casi todos los planes es atacar los hallazgos en el orden en que aparecen en el informe. Ese orden responde a la estructura del trabajo de revisión, no a tu riesgo. La priorización correcta parte de la autoevaluación de riesgo de la entidad y se pregunta, hallazgo a hallazgo, dos cosas: qué obligación nuclear afecta —identificación, titular real, análisis de operativa, comunicación, conservación— y qué exposición real genera en tu actividad concreta. De ahí salen tres niveles de criticidad que gobiernan el calendario: lo crítico se corrige de inmediato y, si hace falta, se suspende la práctica cuestionada mientras tanto; lo alto se rediseña y se acompaña de formación para que el control pase del papel a la operativa; lo medio se corrige documentalmente y se integra en la siguiente versión del manual. Explicar ese criterio por escrito vale casi tanto como ejecutarlo: demuestra que la entidad decide por riesgo y no por comodidad.
La diferencia entre un plan que se cierra y otro que se arrastra durante años está en tres columnas. La primera es el responsable: una persona con nombre y función, nunca un departamento ni una fórmula impersonal, porque una acción que es de todos no es de nadie. La segunda es la fecha comprometida, realista y distinta para cada acción; cuando todas las acciones vencen exactamente el mismo día, el plan se ha redactado para tranquilizar a alguien, no para ejecutarse. La tercera es la evidencia esperada, definida antes de empezar: qué documento concreto va a existir cuando esto esté hecho. Definir la evidencia de antemano cambia la forma de trabajar, porque obliga a pensar en la prueba mientras se ejecuta y no mucho después, cuando ya nadie recuerda quién hizo qué. Ese plan se aprueba en el órgano de control interno y se revisa allí periódicamente, dejando acta de cada seguimiento.
Casi todas las entidades corrigen primero el onboarding, porque es visible, acotado y produce una sensación inmediata de orden. El problema es que el riesgo no está en el cliente que entra mañana, sino en los que ya están dentro con una ficha de hace años, documentación caducada o sin comprobación del titular real. Esa remediación de cartera es el tramo más caro del plan y el que más se pospone. Se ataca por lotes de riesgo: se segmenta la base de clientes según la autoevaluación —tipo de cliente, producto, canal, jurisdicción y operativa—, se empieza por los tramos altos y se avanza en oleadas planificadas, documentando el criterio de selección de cada una. Conviene decidir de antemano qué se hace con el cliente que no responde al requerimiento de documentación, porque ese caso siempre aparece y la decisión —restricción de operativa, revisión reforzada o fin de la relación— debe estar escrita en el procedimiento antes de necesitarla, no improvisada por el comercial de turno.
Un hallazgo no se cierra porque el responsable diga que lo ha hecho. Se cierra cuando existe una evidencia fechada y alguien que no ejecutó la acción la ha revisado, normalmente por muestreo. Ese reparto de papeles es exactamente el que describe el modelo de tres líneas de defensa: ejecuta el negocio, controla cumplimiento, verifica auditoría interna o un tercero independiente. Con esa base se redacta el informe de seguimiento, que es el documento que acaba viendo el supervisor: acciones cerradas con su evidencia, acciones en curso, retrasos con su motivo y medidas compensatorias mientras tanto. Un plan con retrasos explicados y mitigados es defendible; un plan con cierres sin respaldo, no: en cuanto alguien abre dos o tres evidencias al azar y no encuentra nada detrás, la credibilidad de todo el documento se cae de golpe, incluidos los cierres que sí eran verdad. Cuando la revisión externa la hace el mismo profesional que emite el informe de experto externo, el cierre queda además alineado con el documento que tu entidad tendrá que presentar en el siguiente ciclo.
Este contenido tiene carácter divulgativo y no constituye asesoramiento jurídico. La normativa citada puede haber sido modificada con posterioridad a la fecha de actualización indicada: verifica siempre la versión vigente o consúltanos para analizar tu caso concreto.