Plan de remediación PBC: cerrar los hallazgos con evidencias

Ya sabes qué está mal: te lo ha dicho el supervisor, el experto externo o tu propia auditoría. Lo que falta es el entregable que demuestra que lo has corregido: hallazgo a hallazgo, con responsable, fecha y prueba de cierre.

¿Tienes una lista de hallazgos y no sabes por dónde empezar?

Mándanos el informe o el acta con las salvedades y te devolvemos una propuesta de plan priorizado.

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Quién encarga un plan de remediación

Aquí ya no llama alguien asustado: llama alguien con una lista, una fecha comprometida con el supervisor y la necesidad de demostrar avance.

Cumplimiento

El responsable con la lista y sin manos

"Tengo el informe con las salvedades y un equipo de dos personas. Necesito saber qué ataco primero, qué puedo delegar fuera y cómo dejo constancia de cada cosa que cerramos."

Consejo de administración

Quien firma la respuesta al supervisor

"Voy a tener que decir por escrito que hemos corregido. No pienso firmarlo sin ver la evidencia de cada punto: qué se cambió, cuándo y quién lo revisó."

CASP y cripto

El crecimiento que dejó cartera sin revisar

"Escalamos el onboarding muy rápido y ahora hay miles de usuarios antiguos con documentación floja. Nos han dicho que hay que remediar la cartera y no sabemos ni por dónde cortarla."

Seguros de vida

La cartera heredada de otro

"Compramos una cartera con sus clientes y sus expedientes. Los nuestros están bien; los que vinieron con la operación, no. Y ahora responden ante nuestro sistema."

Las tres formas de tener plan y no cerrar nada

Casi todas las entidades que revisamos ya tenían un plan de acción. El problema no es la ausencia de plan: es que no se puede demostrar ni un solo cierre.

El plan sin dueño: acciones redactadas en pasiva —"se revisarán los expedientes", "se reforzará el control"— sin nombre y sin fecha. Nadie lo incumple porque nadie lo tiene asignado, y cuando alguien pregunta sigue exactamente igual que el primer día.

El cierre que solo existe en la hoja de cálculo: marcar la casilla de "cerrado" sin adjuntar nada. Cerrado significa que hay un documento, con su fecha, que cualquiera puede abrir y entender sin que tú lo expliques.

Arreglar el alta nueva y olvidar la cartera: el onboarding queda impecable y los clientes de siempre siguen con la ficha de hace años. El supervisor no mira solo cómo entra un cliente nuevo: mira la cartera viva, que es donde está el riesgo real.

Cómo se prioriza cada hallazgo y qué hace falta para darlo por cerrado
Criticidad del hallazgo Qué exige el cierre Evidencia que se enseña
Crítico — afecta a una obligación nuclear del sistema Corrección inmediata, decisión expresa del órgano de administración y, si procede, suspender la práctica cuestionada mientras se corrige. Acta con el acuerdo, procedimiento nuevo en vigor y muestra de expedientes rehechos con su fecha real de revisión.
Alto — el control está diseñado pero no se aplica Rediseño del control, formación del equipo afectado y prueba de que ya funciona en la operativa diaria, no solo el día de la revisión. Procedimiento versionado, registro de formación y muestreo posterior que acredite aplicación sostenida en el tiempo.
Medio — brecha documental o formal Corrección del documento y ajuste del manual, sin necesidad de rehacer la operativa ni de revisar la cartera completa. Versión actualizada del manual, comunicación interna y registro de distribución al personal afectado.

¿Puedes demostrar hoy que has corregido?

Ordenamos tus hallazgos por criticidad, les ponemos dueño y fecha, atacamos la cartera histórica por lotes de riesgo y montamos la carpeta de evidencias que sostiene cada cierre. Al final tienes un informe de seguimiento que se entrega tal cual.

Plan de remediación PBC: preguntas frecuentes

¿De dónde salen los hallazgos que hay que remediar?

De tres sitios, y a menudo de los tres a la vez: del acta de una actuación del SEPBLAC, del informe del experto externo que examina tu sistema y de tu propia revisión interna o auditoría PBC. También aparecen por vía indirecta, cuando un banco corresponsal o un socio te pasa un cuestionario y detecta lagunas.

Lo primero que hacemos es consolidarlos en una única lista, porque suelen venir con lenguajes distintos y duplicidades: lo que el experto llama salvedad y el inspector describe como incumplimiento a veces es el mismo agujero descrito dos veces.

¿En qué se diferencia esto de una auditoría?

La auditoría mira y diagnostica; la remediación arregla y lo demuestra. Son trabajos distintos y conviene no mezclarlos ni encargarlos por inercia a la misma persona sin pensarlo.

De hecho, el orden lógico es: diagnóstico (auditoría o informe de experto) → plan de remediación priorizado → ejecución con evidencias → verificación independiente del cierre. Si te falta el primer paso, empezamos por ahí; si ya tienes la lista de hallazgos, entramos directamente en el segundo y no te cobramos por volver a descubrir lo que ya sabes.

¿Qué es exactamente una "evidencia de cierre"?

Un documento fechado que permite a alguien ajeno comprobar, sin tu ayuda, que la acción se hizo. Ejemplos reales: el acta del órgano de control interno que aprueba el procedimiento nuevo, la versión del manual con su fecha de entrada en vigor, la lista de asistencia a la formación, la captura del sistema con el control activado, el expediente de cliente completado con su fecha de revisión o el correo con el que se comunicó el cambio al equipo.

Lo que no es evidencia: un "hecho" en una hoja de cálculo, un correo interno diciendo que se hará y una política aprobada que nadie ha distribuido.

Tenemos miles de clientes antiguos con expedientes flojos. ¿Hay que revisarlos todos?

No de golpe ni por orden alfabético. La remediación de cartera se ataca por lotes de riesgo: primero los clientes de mayor riesgo según tu autoevaluación —estructuras societarias opacas, jurisdicciones sensibles, personas con responsabilidad pública, operativa con efectivo o volúmenes anómalos—, después el resto, en oleadas planificadas.

Ese enfoque tiene dos ventajas: reduce el riesgo real antes que el riesgo formal y produce evidencia desde el primer lote revisado. Además permite explicar al supervisor un criterio, que es justo lo que se espera de un sujeto obligado que actúa por riesgo y no por inercia.

¿Quién tiene que aprobar el plan?

El plan se propone desde cumplimiento, pero se aprueba arriba: órgano de administración y órgano de control interno, con acta. Esa aprobación no es burocracia: es lo que convierte una lista de buenas intenciones en un compromiso de la entidad, con recursos asignados y con alguien que responde de cada acción.

Después, el seguimiento vuelve al mismo sitio: cada revisión periódica del estado del plan se lleva al órgano, se documenta qué se ha cerrado y se decide qué hacer con lo que se ha retrasado. Ese ciclo, en actas, es la mitad de la credibilidad del plan.

¿Puedo remediar mientras tengo un expediente sancionador abierto?

Sí, y además conviene. Lo que no puedes hacer bajo ningún concepto es tocar la documentación del pasado para que parezca que estaba bien. La remediación se hace hacia adelante, con la fecha real de cada acción, y se documenta como corrección posterior.

Hecha así, es una de las pocas cosas que juegan a tu favor mientras el procedimiento está vivo. Hecha del otro modo, arruina la defensa entera. Lo explicamos con detalle en defensa en expediente sancionador.

¿Cuánto se tarda en cerrar un plan de remediación?

Depende de dos variables, y ninguna es el número de hallazgos: el tamaño de la cartera histórica que haya que revisar y la capacidad real del equipo que va a ejecutar. Un plan con muchos hallazgos documentales puede cerrarse rápido; uno con pocos hallazgos, pero que obliga a rehacer miles de expedientes de cliente, es un proyecto de largo recorrido.

Por eso el plan se diseña en oleadas y con hitos parciales verificables: interesa poder demostrar avance sostenido desde el principio, en vez de llegar con todo cerrado el día antes de que alguien pregunte.

¿Podéis ejecutar vosotros el plan?

Podemos ejecutar los tramos externalizables —revisión y completado de expedientes de cliente, reescritura de procedimientos, formación, preparación de evidencias, seguimiento del plan— y trabajar codo con codo con tu equipo en el resto. Es lo que hacemos en externalización PBC.

Ahora bien, la regla es la de siempre: la responsabilidad no se externaliza. Tu entidad sigue siendo el sujeto obligado, tu órgano de administración sigue aprobando y tu representante ante el SEPBLAC sigue respondiendo. Nosotros aportamos manos, criterio y método; la titularidad del sistema se queda dentro.

¿Qué pasa si un hallazgo no se puede cerrar?

Se documenta, que es muy distinto de esconderlo. Hay acciones que dependen de un desarrollo informático, de un proveedor o de una decisión de negocio y que no se resuelven en el plazo previsto. En ese caso se deja constancia del motivo, de la medida compensatoria que aplicas mientras tanto y de la nueva fecha comprometida, aprobada por el órgano correspondiente.

Un plan con un retraso explicado y mitigado es perfectamente defendible. Un plan con un cierre falso, no: es exactamente el tipo de hallazgo que convierte una revisión rutinaria en un problema serio.

De la lista de hallazgos al informe de seguimiento

El método es siempre el mismo, cambie el sector o el origen de los hallazgos: consolidar, priorizar, asignar, ejecutar, evidenciar y verificar.

Fase 1

Consolidar y priorizar

Una sola lista con todos los hallazgos, vengan del acta, del experto externo o de la auditoría interna. Se eliminan duplicados, se traducen a lenguaje operativo y se ordenan por criticidad usando tu autoevaluación de riesgo, no la intuición.

Fase 2

Ejecutar con evidencia

Cada acción con responsable, fecha y evidencia esperada definida de antemano. Se toca lo que hay que tocar —procedimientos, sistemas, formación, expedientes— y se guarda la prueba en el momento, no al final, que es cuando ya no se puede reconstruir.

Fase 3

Verificar y reportar

Muestreo independiente de los cierres, actualización del estado en el órgano de control interno e informe de seguimiento con el avance real. Ese documento es el que se enseña cuando el supervisor vuelve a preguntar.

Plan de remediación PBC en 10 pasos

  1. Consolidar hallazgos: una única lista con lo detectado en el acta, en el informe de experto externo y en la revisión interna, sin duplicados y en lenguaje operativo.
  2. Clasificar por criticidad: crítico, alto o medio según el impacto sobre las obligaciones nucleares y el riesgo real de tu actividad, no según el orden del informe.
  3. Asignar responsable y fecha: un nombre y una fecha por acción. Sin dueño no hay acción: hay un deseo redactado en pasiva.
  4. Aprobar el plan: elévalo al órgano de administración y al órgano de control interno, y que quede en acta con recursos y calendario comprometidos.
  5. Corregir procedimientos: manual, política de aceptación de clientes, procedimientos de diligencia debida y autoevaluación de riesgo actualizados y versionados.
  6. Remediar la cartera histórica: revisión del backlog por lotes de riesgo: primero los clientes de mayor riesgo, después el resto en oleadas planificadas.
  7. Evidenciar cada cierre: documento fechado por acción, guardado en una carpeta ordenada por hallazgo. Si hay que explicarlo de palabra, no es evidencia.
  8. Ajustar herramientas: screening de listas, detección de personas con responsabilidad pública, reglas de alerta y trazas del sistema alineadas con el procedimiento nuevo.
  9. Verificación independiente: muestreo de los cierres por alguien que no haya ejecutado la acción: cumplimiento, auditoría interna o experto externo.
  10. Informe de seguimiento: estado del plan, cierres acreditados, retrasos con su motivo y medidas compensatorias. Listo para entregar sin retoques.

Si la lista de hallazgos aún no existe, empieza por la auditoría PBC o por el informe de experto externo. Si vienes de una actuación supervisora, revisa antes inspección del SEPBLAC.

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Los 10 elementos que componen un sistema de prevención defendible ante el SEPBLAC, con la evidencia documental que hay que poder enseñar de cada uno. Sirve como autodiagnóstico antes de que llegue la inspección.

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Diccionario operativo

El vocabulario de la remediación

Son palabras que vas a usar en cada reunión de seguimiento. Usarlas con el mismo significado que tu supervisor y tu experto externo ahorra malentendidos caros.

HallazgoPunto de partida

Lo que alguien ha detectado

Incumplimiento o debilidad identificada en una revisión: acta de inspección, informe de experto externo, auditoría interna o cuestionario de un tercero.

Sin traducir a acción concreta, no se cierra nunca.
SalvedadInforme

La objeción del experto

Reserva que el experto externo hace constar en su informe cuando el sistema no cumple en algún punto o no puede acreditarse que cumple.

Arrastrarla al informe siguiente es la peor señal posible.
CriticidadPrioridad

El orden de ataque

Clasificación del hallazgo por impacto y riesgo. Determina qué se corrige de inmediato y qué puede planificarse en oleadas posteriores.

Sale del mapa de riesgos, no del orden del informe.
Plan de acciónEntregable

La tabla que gobierna el proyecto

Documento vivo con una fila por hallazgo: acción, responsable, fecha comprometida, evidencia esperada y estado actual.

Se aprueba en acta y se revisa periódicamente.
ResponsableGobernanza

El dueño de cada acción

Persona concreta, con nombre y función, que responde de que la acción se ejecute y de que la evidencia exista en la fecha comprometida.

"El departamento" no es un responsable.
Evidencia de cierrePrueba

Lo que convierte "hecho" en "acreditado"

Documento fechado que permite a un tercero comprobar por sí mismo que la acción se ejecutó: acta, versión del manual, registro, captura o expediente revisado.

Se guarda en el momento; después ya no se puede.
Backlog de carteraHistórico

Los expedientes que arrastras

Conjunto de clientes vivos cuya documentación de diligencia debida está incompleta o desactualizada respecto de tus procedimientos actuales.

Es donde está el riesgo, y donde mira el supervisor.
Cierre verificadoControl

Cerrado por alguien que no lo hizo

Comprobación independiente, normalmente por muestreo, de que la acción se ejecutó y de que la evidencia sostiene lo que afirma.

Quien ejecuta no puede firmar su propio cierre.
Informe de seguimientoReporte

Lo que se enseña fuera

Documento que resume el estado del plan: acciones cerradas con su evidencia, acciones en curso, retrasos con su motivo y medidas compensatorias.

Debe entenderse sin que tú estés delante.
Playbook de remediación

Los cinco frentes que siempre hay que cerrar

Frente
Qué tiene que quedar corregido
Evidencia de cierre

Diligencia debida de cartera

Expedientes de clientes vivos completos y actualizados conforme al procedimiento vigente, empezando por los tramos de mayor riesgo.

Informe de revisión por lotes con criterio de selección, expedientes completados con su fecha de revisión y listado de casos escalados o cerrados.

Titular real

Identificación y comprobación razonable del titular real en estructuras societarias, con las medidas reforzadas que procedan.

Declaraciones actualizadas, consultas y notas registrales con fecha, y organigramas de propiedad archivados en cada expediente.

Autoevaluación y manual

Mapa de riesgos revisado tras los hallazgos y manual reescrito para describir la operativa real, no la ideal.

Autoevaluación fechada y aprobada, manual versionado con control de cambios y registro de distribución al personal.

Alertas y comunicación

Reglas de detección ajustadas, alertas analizadas sin acumulación pendiente y comunicaciones al SEPBLAC que salen cuando deben salir.

Cola de alertas al día con motivo de cierre por cada una, comunicaciones remitidas con su acuse y decisiones de abstención documentadas.

Gobernanza y formación

Órgano de control interno reunido y decidiendo, representante ante el SEPBLAC operativo y personal formado según su función.

Actas con acuerdos y seguimiento del plan, designaciones vigentes comunicadas y registro de formación con contenidos y asistentes.

Señales de que tu remediación no va a colar

Cualquiera de estas cinco convierte un plan aparentemente correcto en un documento que no sostiene una revisión.

  • Todas las acciones del plan comparten la misma fecha de cierre y nadie sabe de dónde salió esa fecha.
  • El estado del plan lo actualiza una sola persona y nadie ha comprobado ni una evidencia.
  • Hay hallazgos que vienen repetidos del informe del ejercicio anterior y siguen abiertos.
  • El onboarding nuevo ya cumple, pero nadie ha tocado un solo expediente de la cartera antigua.
  • Las acciones están redactadas en pasiva: "se revisará", "se reforzará", "se implantará".

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Cuéntanos de dónde vienen los hallazgos —inspección, informe de experto externo o auditoría interna— y cuántos expedientes de cliente tienes en cartera. Te proponemos el orden de ataque y el entregable final.

Última actualización: 4 de agosto de 2026

Plan de remediación PBC: qué es, cómo se prioriza y cómo se acredita

Un plan de remediación en materia de prevención del blanqueo de capitales es el documento con el que un sujeto obligado convierte una lista de hallazgos en acciones concretas, con dueño, fecha y prueba de cierre. Suele nacer después de una actuación del SEPBLAC, del examen anual por experto externo o de una revisión interna, y su función es doble: reducir el riesgo real de la entidad y dejar constancia de que la corrección existió. La Ley 10/2010 y su reglamento de desarrollo, el RD 304/2014, no describen un formato de plan, pero sí exigen un sistema que funcione y que pueda acreditarse: la remediación es la vía por la que se pasa de una cosa a la otra.

Priorizar por riesgo, no por el orden del informe

El primer error de casi todos los planes es atacar los hallazgos en el orden en que aparecen en el informe. Ese orden responde a la estructura del trabajo de revisión, no a tu riesgo. La priorización correcta parte de la autoevaluación de riesgo de la entidad y se pregunta, hallazgo a hallazgo, dos cosas: qué obligación nuclear afecta —identificación, titular real, análisis de operativa, comunicación, conservación— y qué exposición real genera en tu actividad concreta. De ahí salen tres niveles de criticidad que gobiernan el calendario: lo crítico se corrige de inmediato y, si hace falta, se suspende la práctica cuestionada mientras tanto; lo alto se rediseña y se acompaña de formación para que el control pase del papel a la operativa; lo medio se corrige documentalmente y se integra en la siguiente versión del manual. Explicar ese criterio por escrito vale casi tanto como ejecutarlo: demuestra que la entidad decide por riesgo y no por comodidad.

Responsable, fecha y evidencia: las tres columnas que faltan

La diferencia entre un plan que se cierra y otro que se arrastra durante años está en tres columnas. La primera es el responsable: una persona con nombre y función, nunca un departamento ni una fórmula impersonal, porque una acción que es de todos no es de nadie. La segunda es la fecha comprometida, realista y distinta para cada acción; cuando todas las acciones vencen exactamente el mismo día, el plan se ha redactado para tranquilizar a alguien, no para ejecutarse. La tercera es la evidencia esperada, definida antes de empezar: qué documento concreto va a existir cuando esto esté hecho. Definir la evidencia de antemano cambia la forma de trabajar, porque obliga a pensar en la prueba mientras se ejecuta y no mucho después, cuando ya nadie recuerda quién hizo qué. Ese plan se aprueba en el órgano de control interno y se revisa allí periódicamente, dejando acta de cada seguimiento.

La cartera histórica: el trabajo que nadie quiere abrir

Casi todas las entidades corrigen primero el onboarding, porque es visible, acotado y produce una sensación inmediata de orden. El problema es que el riesgo no está en el cliente que entra mañana, sino en los que ya están dentro con una ficha de hace años, documentación caducada o sin comprobación del titular real. Esa remediación de cartera es el tramo más caro del plan y el que más se pospone. Se ataca por lotes de riesgo: se segmenta la base de clientes según la autoevaluación —tipo de cliente, producto, canal, jurisdicción y operativa—, se empieza por los tramos altos y se avanza en oleadas planificadas, documentando el criterio de selección de cada una. Conviene decidir de antemano qué se hace con el cliente que no responde al requerimiento de documentación, porque ese caso siempre aparece y la decisión —restricción de operativa, revisión reforzada o fin de la relación— debe estar escrita en el procedimiento antes de necesitarla, no improvisada por el comercial de turno.

Verificar el cierre y contarlo bien

Un hallazgo no se cierra porque el responsable diga que lo ha hecho. Se cierra cuando existe una evidencia fechada y alguien que no ejecutó la acción la ha revisado, normalmente por muestreo. Ese reparto de papeles es exactamente el que describe el modelo de tres líneas de defensa: ejecuta el negocio, controla cumplimiento, verifica auditoría interna o un tercero independiente. Con esa base se redacta el informe de seguimiento, que es el documento que acaba viendo el supervisor: acciones cerradas con su evidencia, acciones en curso, retrasos con su motivo y medidas compensatorias mientras tanto. Un plan con retrasos explicados y mitigados es defendible; un plan con cierres sin respaldo, no: en cuanto alguien abre dos o tres evidencias al azar y no encuentra nada detrás, la credibilidad de todo el documento se cae de golpe, incluidos los cierres que sí eran verdad. Cuando la revisión externa la hace el mismo profesional que emite el informe de experto externo, el cierre queda además alineado con el documento que tu entidad tendrá que presentar en el siguiente ciclo.

Este contenido tiene carácter divulgativo y no constituye asesoramiento jurídico. La normativa citada puede haber sido modificada con posterioridad a la fecha de actualización indicada: verifica siempre la versión vigente o consúltanos para analizar tu caso concreto.

Ley 10/2010 RD 304/2014 SEPBLAC Hallazgos Evidencias Cartera de clientes Seguimiento