Un abogado interno supone un coste fijo (salario, seguridad social, formación, estructura) que no siempre se justifica, sobre todo en empresas con necesidades jurídicas variables o muy especializadas.
El outsourcing legal convierte ese coste fijo en variable y proporcional al trabajo real, y te da acceso a un equipo con distintas especialidades en lugar de a una sola persona. Se adapta a los picos y valles de actividad sin contratos laborales de por medio.
No es excluyente: muchas empresas combinan un equipo interno reducido con el apoyo externo para las materias que requieren más profundidad técnica.