De “plantilla genérica” a contrato que aguanta la operativa
“Ajustamos pedidos, entregas, incidencias y devoluciones para que el contrato funcione en el día a día.”
Plantilla y asesoramiento para un contrato de suministro claro y ejecutable (B2B): definimos objeto, pedidos, precio y revisión, plazos de entrega, Incoterms (si aplica), aceptación, calidad, garantías, penalizaciones, confidencialidad y resolución. En Molina Law Boutique convertimos obligaciones en un sistema claro: riesgos identificados, cláusulas alineadas con tu operativa y evidencias listas ante cliente/proveedor.
“Ajustamos pedidos, entregas, incidencias y devoluciones para que el contrato funcione en el día a día.”
“Definimos revisiones, indexación, materias primas y límites para evitar discusiones eternas.”
“Reglas claras de entrega/aceptación, retrasos, stock, sustituciones y penalizaciones con sentido.”
“Aterrizamos estándares, controles, reclamaciones y límites de responsabilidad para reducir litigios.”
Qué se suministra, especificaciones técnicas, documentación, anexos y cambios: evita ambigüedades que luego cuestan dinero.
Cómo se emiten pedidos, plazos de confirmación, mínimos, disponibilidad, sustituciones y gestión de incidencias.
Reglas claras de revisión, indexación, materias primas y límites. Evita discusiones por “subidas sorpresa”.
Plazos, lugar, transporte, Incoterms (si procede), transmisión del riesgo, embalaje, seguro y documentación de entrega.
Inspección, rechazo, devoluciones, garantías, SLAs y tiempos de reparación/sustitución con evidencia y trazabilidad.
Penalizaciones proporcionadas, limitación de responsabilidad, fuerza mayor, terminación, confidencialidad y jurisdicción.
En suministro, lo importante no es “tener un PDF”, sino que el contrato deje claro qué pasa cuando algo falla: pedidos, retrasos, aceptación, incidencias, devoluciones y pagos. La realidad se mide por plazos, evidencias y reglas operativas.
Pedido y confirmación: define cómo se solicita, cuándo se confirma y qué ocurre si no hay stock o capacidad.
Entrega: fija plazos, lugar, documentación, responsabilidad en tránsito y evidencias (albaranes, tracking, recepción).
Aceptación: plazo de inspección, criterios de rechazo, sustitución/reparación y devoluciones.
Pago: condiciones, hitos, vencimientos y medidas ante mora (intereses/costes) según normativa aplicable.
Incidencias y cierre: canal, tiempos de respuesta, penalizaciones proporcionadas y cierre documentado.
Un contrato de suministro es un contrato mercantil típico en la práctica empresarial. Para reducir fricción, conviene alinear el contrato con plazos de pago, interpretación mercantil y, si hay operaciones internacionales, con reglas claras de riesgo/entrega (p.ej., Incoterms). En Molina Law Boutique bajamos todo a operativa: cláusulas accionables y evidencias.
Revisamos el contrato desde la práctica: cláusulas, anexos y cómo se ejecuta la relación proveedor/cliente. El objetivo es reducir litigios y bloqueos operativos.
Definimos alcance, especificaciones, cambios, pedido/confirmación y precio (incluida revisión). Evitamos zonas grises que generan conflictos.
Plazos, lugar, logística, Incoterms si aplica, evidencias de entrega, aceptación/rechazo, devoluciones y tratamiento de incidencias con tiempos claros.
Estándares de calidad, garantías, penalizaciones proporcionadas, límites de responsabilidad, fuerza mayor y terminación: cómo salir sin “quemarte”.
Un modelo de contrato de suministro es un punto de partida. Lo importante es adaptar cláusulas críticas (precio, plazos, calidad, responsabilidad) a tu operativa real y a tu posición (proveedor o cliente).
| Característica | Modelo Estándar (Plantilla) | Adaptación a Medida |
|---|---|---|
| ¿Cuándo conviene? | Relaciones simples, bajo volumen o para ordenar lo básico rápidamente. | Volumen alto, proveedores críticos, logística compleja, internacional o riesgo de penalizaciones/reclamaciones. |
| Alcance | Cláusulas base: objeto, precio, entrega, garantías y resolución. | Además: anexos técnicos, SLAs, acceptance test, revisiones de precio, compliance, datos, auditoría y planes de continuidad. |
| Objetivo | Tener un marco mínimo y coherente. | Reducir fricción y asegurar ejecución: “qué pasa cuando pasa”. |
| Resultado | Documento base editable. | Contrato + anexos y reglas operativas alineadas con tu negocio y tu negociación. |
*Si cambian precios, logística o producto, el contrato debe predecirlo. Lo genérico suele fallar justo cuando hay un problema.
Metodología ágil: entendemos tu operativa, ajustamos cláusulas críticas y dejamos un contrato claro, negociable y ejecutable.
Producto/servicio, volumen, logística, incidencias típicas, posición negociadora y riesgos (precio, calidad, plazos, dependencia).
Partimos de un modelo sólido y lo adaptamos: pedidos, revisiones de precio, entrega, aceptación, garantías y responsabilidades.
Especificaciones técnicas, SLAs, acceptance test, documentación, y evidencias mínimas para que no haya “tu palabra vs la mía”.
Soporte en redlines y cierre: dejamos el contrato listo para firmar y para ejecutarse sin fricción (incluida salida/terminación).
La diferencia la marca lo que queda claro y lo que puedes probar: pedidos, entregas, aceptación, incidencias y cierres documentados.
Define canal, plazos, mínimos, forecasting y qué ocurre si hay falta de stock o capacidad.
Reglas de revisión, indexación, materias primas y límites: reduce disputas y renegociaciones improvisadas.
Plazos, lugar, documentación, riesgo, inspección y criterios de rechazo/sustitución con tiempos claros.
Penalizaciones proporcionadas, límites, exclusiones y responsabilidad por defectos/retrasos con criterio.
Terminación, preavisos, continuidad, stock, devoluciones, confidencialidad y jurisdicción: salir sin caos.
El objetivo no es “firmar por firmar”, sino reducir fricción y riesgo: retrasos, reclamaciones, disputas de precio y calidad, y salidas conflictivas.
Especificaciones y cambios mal definidos. Luego cada parte interpreta distinto y el conflicto está servido.
Subidas de costes, inflación o materias primas: si no hay mecanismo, llega la renegociación “a presión”.
Sin albaranes claros, acceptance o criterios de rechazo. Terminas en “yo lo entregué / tú no lo aceptaste”.
Penalizaciones desproporcionadas o responsabilidad ilimitada. Mala combinación: sube el riesgo y empeora la negociación.
Más allá de “condiciones generales”, lo relevante es la ejecución: pedidos, entregas, aceptación, incidencias y salida.
Si no está definido, se discute. Si se discute, se pierde tiempo y dinero.
Lo que no se prevé en precio/pago suele explotar cuando sube el coste o cae el suministro.
“Qué pasa cuando pasa” es el núcleo del contrato.
Un buen contrato permite negociar sin bloquear la relación.
Si el suministro es crítico (fintech, pagos, infraestructura, datos, logística), refuerza anexos y evidencias. Lo genérico falla en el primer incidente.
Disputas por alcance: “esto estaba incluido / esto era extra”, cambios sin control y conflictos por especificaciones.
Retrasos y penalizaciones mal diseñadas: o no disuaden, o son inejecutables y tensan la relación.
Problemas de calidad: devoluciones, garantías y responsabilidades sin criterio → coste y reputación.
Riesgo financiero: pagos tardíos, falta de mecanismos de cobro/garantía y dependencia del proveedor.
Salida caótica: terminación sin plan (stock, pedidos en curso, confidencialidad, continuidad).
Te enviamos un modelo editable y, si quieres, lo adaptamos a tu operativa: pedidos, precio, entrega, aceptación, garantías, penalizaciones y salida ordenada.
Un contrato de suministro regula una relación continuada (o por pedidos sucesivos) en la que una parte entrega bienes o presta servicios de forma recurrente y la otra paga un precio. Su valor está en dejar claro el “cómo” operativo: pedidos, entrega, aceptación, calidad y qué pasa si algo falla.
Sirve para reducir conflictos, asegurar continuidad y ordenar la relación cliente/proveedor.
Un buen contrato no “decora”: gobierna la operativa y evita discusiones.
Cuando hay repetición de entregas, volumen, logística o dependencia (proveedor crítico), o cuando el precio puede variar.
Si te importa continuidad y control de incidencias, necesitas reglas claras.
Objeto y especificaciones, pedidos y confirmación, precio y revisión, entrega/riesgo, aceptación y calidad, garantías, penalizaciones proporcionadas, responsabilidad, fuerza mayor y terminación.
Lo esencial: convertir expectativas en reglas medibles y verificables.
Con un mecanismo definido: índices, materias primas, bandas, periodicidad, preaviso y límites. Sin esto, la negociación llega “con la urgencia encima”.
La aceptación define cuándo se considera entregado conforme y qué ocurre si hay defectos. Sin aceptación, cualquier entrega puede convertirse en disputa.
Define plazo de inspección, criterios de rechazo y proceso de sustitución/reparación.
Se prevé con reglas: prioridades, sustituciones, penalizaciones proporcionadas, force majeure y obligación de informar.
Lo crítico es evitar que el incidente se convierta en “tierra de nadie”.
Depende del volumen, logística, si hay anexos técnicos (SLAs/acceptance) y del riesgo (responsabilidad, penalizaciones, internacional).
Te damos presupuesto tras entender tu operativa y el alcance real.